La reforma electoral en Honduras vuelve al centro de la discusión política. El Congreso Nacional prepara cambios a la Ley Electoral, mientras organizaciones de sociedad civil plantean modificaciones más profundas sobre el funcionamiento del Consejo Nacional Electoral (CNE), la fiscalización ciudadana, la transmisión de resultados y la independencia de quienes administran las elecciones.
Y junto a esas propuestas reaparece una vieja discusión: la segunda vuelta electoral.
Pero antes de preguntarnos cuántas veces deberíamos ir a votar, existe una pregunta mucho más importante:
¿Tenemos suficientemente resuelta la primera vuelta?
Reforma electoral en Honduras: ¿qué se está proponiendo?
El proyecto de reforma electoral que actualmente se encuentra en discusión contempla modificaciones al funcionamiento del Consejo Nacional Electoral, la integración de las Juntas Receptoras de Votos, los escrutinios especiales y los mecanismos utilizados para transmitir resultados.
El Congreso también ha planteado la llamada ciudadanización de las mesas electorales y modificaciones destinadas a evitar que diferencias internas entre los consejeros del CNE paralicen decisiones necesarias durante un proceso electoral.
No se trata de asuntos menores.
Las elecciones de 2025 dejaron nuevamente sobre la mesa cuestionamientos sobre procedimientos, transmisión de resultados, escrutinios y funcionamiento de las instituciones electorales.
La pregunta ahora es si Honduras aprovechará esa experiencia para hacer cambios estructurales o si volveremos a reformar únicamente aquello sobre lo que los partidos logren ponerse de acuerdo.
La segunda vuelta vuelve al debate
La exdiputada Fátima Mena planteó esta semana la incorporación de una segunda vuelta electoral como una alternativa para aumentar la legitimidad de los gobiernos.
El argumento tiene lógica.
Cuando ningún candidato alcanza una mayoría suficientemente amplia, una segunda elección entre los dos candidatos más votados permite que el ganador obtenga un respaldo electoral mayor.
Sin embargo, la propuesta de reformas que actualmente impulsa el Congreso no incluye el balotaje.
Y existen sectores de sociedad civil que consideran que antes de introducir una segunda vuelta deben resolverse problemas todavía presentes en la primera.
Defensores de Honduras, por ejemplo, ha planteado que mientras existan debilidades relacionadas con el escrutinio, la transmisión de resultados, la custodia de actas y la resolución de controversias, agregar una segunda elección en esta reforma electoral en Honduras no soluciona el problema fundamental.
Dicho de otra manera:
hacer dos veces una elección con las mismas debilidades no necesariamente fortalece la democracia.
¿Quién debe controlar las elecciones?
Aquí aparece probablemente la discusión más importante de toda la reforma electoral en Honduras.
Durante décadas, el sistema hondureño ha descansado en una fuerte representación de los partidos políticos dentro de la estructura electoral. La lógica es conocida: los partidos se vigilan mutuamente. Pero ese modelo también genera una contradicción. Los mismos actores interesados en ganar una elección terminan teniendo una enorme influencia sobre las instituciones responsables de administrarla.
Fátima Mena ha cuestionado precisamente las cuotas partidarias dentro de los organismos electorales y propone procesos de selección más independientes para sus autoridades. Organizaciones de sociedad civil están planteando algo parecido desde otro ángulo. Defensores de Honduras propone mecanismos de fiscalización ciudadana independientes de los partidos políticos y un fortalecimiento de la autonomía administrativa, técnica y presupuestaria del CNE.
El debate, entonces, debería superar la pregunta de qué partido tendrá representación dentro del organismo electoral.
La pregunta correcta sería:
¿cómo construimos un árbitro que pueda tomar decisiones independientemente de quién esté jugando el partido?
Ciudadanos vigilando el voto
Otro elemento interesante de las propuestas actuales es aumentar la participación ciudadana dentro de la fiscalización electoral. La propuesta de Defensores de Honduras contempla mecanismos para que los ciudadanos puedan verificar diferentes etapas del proceso, desde la votación hasta el escrutinio y revisión de actas. Esto no significa reemplazar al CNE. Significa agregar controles.
En cualquier sistema democrático saludable, más capacidad de auditoría debería significar menos espacio para sospechas. Porque la confianza electoral no se construye pidiendo a los ciudadanos que crean en las instituciones. Se construye permitiéndoles comprobar que funcionan.
Tecnología sí, pero auditable
Honduras también necesita mejorar la forma en que transmite y procesa los resultados electorales. Nadie quiere regresar a elecciones donde el país deba esperar durante días sin información clara sobre quién ganó. Pero rapidez no es sinónimo de transparencia.
Los sistemas tecnológicos utilizados durante una elección deben permitir auditorías y mecanismos independientes de verificación. Debe poder comprobarse que lo transmitido digitalmente coincide con las actas producidas en cada centro de votación. La tecnología debe ser una herramienta para generar confianza.
No una caja negra a la que simplemente tengamos que creerle.
Por eso cualquier reforma seria debería considerar no solamente qué tecnología utilizará el CNE, sino quién podrá auditarla, bajo qué procedimientos y qué mecanismos existirán para resolver discrepancias.
Una reforma que funcione incluso cuando perdemos
Existe una manera bastante sencilla de evaluar cualquier propuesta de reforma electoral. Preguntémonos:
¿seguiríamos apoyando esta regla si beneficia al candidato contrario?
Si queremos autoridades electorales independientes únicamente cuando nuestro partido está en oposición, tenemos un problema. Si queremos controlar las mesas únicamente cuando creemos que vamos a ganar, también. Y si apoyamos una segunda vuelta solamente porque los números actuales favorecen a determinado sector político, entonces no estamos construyendo instituciones.
Estamos diseñando reglas para una elección particular.
La reforma electoral en Honduras debería pensarse con una lógica distinta. Las reglas deben sobrevivir a los partidos, los candidatos y los gobiernos.
NOS QUEDA CLARO
La segunda vuelta merece discutirse. También la ciudadanización de las mesas, la integración del CNE, los escrutinios, la transmisión de resultados y la fiscalización ciudadana. Pero el objetivo de una reforma electoral no puede reducirse a cambiar la forma de escoger un ganador.
El verdadero desafío es construir un sistema donde tanto quien gana como quien pierde pueda confiar en el resultado. Porque una democracia fuerte no es aquella donde todos quedan satisfechos después de una elección. Es aquella donde, aun estando inconformes con el resultado, podemos confiar en el proceso que lo produjo.
Antes de preguntarnos si Honduras necesita una segunda vuelta, quizá deberíamos asegurarnos de algo mucho más básico:
QUE LA PRIMERA FUNCIONE.
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