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Editorial: La sombra del boicot electoral en Honduras

Por NQC
Marlon Ochoa bloquea a organismos de observación electoral en Honduras como el CNA y la ASJ, generando dudas sobre la transparencia electoral 2025.

La transparencia electoral en Honduras vuelve a estar bajo amenaza. La figura de Marlon Ochoa, consejero del Consejo Nacional Electoral (CNE) y ficha clave del partido Libre, ha pasado en pocos meses de ser percibido como un técnico con aspiraciones a árbitro confiable, a convertirse en el epicentro de una polémica que golpea la credibilidad del próximo proceso electoral de 2025.

Marlon Ochoa y la exclusión de veedores

La negativa de Ochoa a aprobar con prontitud el reglamento de observación electoral y sus intentos de excluir a organismos como el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), dirigido por Gabriela Castellanos, o la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), no son hechos aislados. Responden a una línea política que Libre ha cultivado desde hace años: sembrar dudas, presionar al árbitro y reducir el papel de actores independientes que podrían señalar irregularidades.

El argumento de Ochoa es conocido: según él, el CNA actúa más como opositor que como veedor. Sin embargo, el papel de la veeduría electoral es precisamente cuestionar al poder. Pretender elecciones sin observadores críticos equivale a un proceso con menos controles y, por tanto, con menor confianza ciudadana.

Libre y la narrativa de desconfianza

Libre no es nuevo en esta estrategia. Desde la oposición construyó un relato de desconfianza electoral, y hoy, ya en el poder, parece dispuesto a repetirlo con un libreto distinto: controlar el acceso a la observación, retrasar las reglas del juego y, llegado el momento, condicionar la percepción sobre la legitimidad de las elecciones de 2025.

La narrativa de “resultados cuestionables” funciona como seguro político:

  • Si ganan, será proclamada como una victoria popular.
  • Si pierden, alegarán que el proceso no fue justo.

Foro de São Paulo y el guion regional

Este libreto no surge de la nada. El Foro de São Paulo, espacio ideológico en el que Libre se mueve con comodidad, ha promovido en América Latina un discurso común: debilitar la confianza en las instituciones electorales, victimizarse ante organismos de control y convertir cada elección en una confrontación contra supuestos enemigos de la patria.

En Honduras, ese guion se traduce en ataques a Castellanos, en desprecio a la sociedad civil y en un retroceso preocupante en materia de transparencia electoral.

El riesgo para la democracia hondureña

El problema no es Marlon Ochoa como persona, sino el precedente institucional que representa:

  • Un consejero electoral que actúa como activista.
  • Un partido de gobierno que convierte la institucionalidad en trinchera política.
  • Un proceso electoral que ya enfrenta una fuerte desconfianza ciudadana.

La democracia en Honduras no resiste más tensiones innecesarias. Si Libre insiste en limitar la observación electoral independiente, no solo pondrá en riesgo los comicios generales de 2025, sino que alimentará la espiral de polarización política que el país tanto teme.

Conclusión: elecciones con ojos independientes

La ciudadanía debe mantenerse alerta. Las elecciones en Honduras no son propiedad de ningún partido. Son un bien público. Y un proceso sin observadores independientes, sin voces críticas y sin vigilancia activa, no es confiable.

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